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¿Quiénes somos?

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Durante siglos el hombre se había guiado por su naturaleza interior. Tanto si era un guerrero, un poeta o un agricultor lo que le movía eran emociones e instintos que nacían dentro de él. A veces era ladrón, asesino, cobarde, tirano, violador… otras compasivo, generoso, trabajador, valiente… El hombre lo tenía todo a la vez por que todo estaba dentro de él y no pretendía ser otra cosa.

Con la religión aparecen, las leyes, el bien y el mal, los ideales, la culpa. La asociación del cuerpo con el deseo y el pecado. Todo lo material es impuro. El inicio de la dexconexión mente/cuerpo.

Los hombres de hoy crecemos teniendo más claro lo que debemos ser que lo que somos realmente. Vivimos encerrando nuestra emocionalidad en una imaginaria prision donde la razón hace de carcelero. Tenemos miedo de nosotros mismos, “Si me dejo llevar por mis instintos arrebataré al otro lo que necesite, poseeré a una mujer cuando me plazca, me dedicaré a olgazanear y no haré nada productivo con mi vida…”

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Photograph by Ehimetalor Unuabona via Unsplash

Las mujeres iniciaron hace ya más de un siglo un enérgico proceso de transformación de los papeles tradicionales que se les otorgaban. Este proceso, que podríamos llamar de conquista, ha impulsado a las mujeres a reivindicar y luchar por un lugar propio en el espacio que anteriormente era de exclusividad masculina: el espacio público.

Estos cambios sociales están incidiendo en el núcleo de la identidad masculina. Los varones hemos de asumir esta crisis de la masculinidad. Crisis que se manifiesta en múltiples ámbitos de la vida cotidiana: en la esfera pública, las transformaciones en el mercado laboral, el paro y la precariedad laboral han desmontado ya el papel de principal proveedor económico de muchos hombres; el impacto mucho mayor del fracaso escolar entre adolescentes masculinos augura a muchos varones un futuro profesional poco halagüeño; en la esfera privada, tras las frecuentes rupturas familiares muchos hombres encontramos serias dificultades para ejercer la función paterna o tendemos a situarnos en una especie de limbo acomodaticio y a desvincularnos de las responsabilidades que conlleva; en la convivencia de pareja tampoco acabamos de saber encontrar un nuevo espacio en el que nos sintamos enteros, y deambulamos desorientados entre las exigencias de viejos y nuevos modelos; en la esfera personal, el recurso a conductas adictivas de riesgo o al comportamiento violento predomina entre los varones en una especie de escalada de destrucción y autodestrucción.

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