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¿Qué necesita
el hombre de hoy?

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Hoy los valores masculinos tradicionales y las instituciones patriarcales se desmoronan. Los hombres nos hemos ido sintiendo algo perdidos, el antiguo referente del macho, carente de cualquier sentimiento y autoritario ya no nos sirve.

Tampoco nos sirve ese otro tipo de hombre “descafeinado” que surge como adaptación a la demanda de mayor sensibilidad y ternura por parte de la mujer. Al surgir como respuesta a una demanda externa es un tipo de hombre que ha perdido el contacto consigo mismo, que ha negado su verdadera esencia, derivando en un hombre blando que se sume en sus emociones. Ya no sabe lo que quiere o no es capaz de actuar en el mundo.

No se trata de un impulso hacia delante, de conquistar de nuevos espacios como había ocurrido hasta ahora, sino más bien de un desmonte y una vuelta hacia sí, que nos deja desorientados, resentidos o inertes.

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El hombre de hoy necesita construir un nuevo modelonde si mismo.

Las mujeres iniciaron hace ya más de un siglo un enérgico proceso de transformación de los papeles tradicionales que se les otorgaban. Este proceso, que podríamos llamar de conquista, ha impulsado a las mujeres a reivindicar y luchar por un lugar propio en el espacio que anteriormente era de exclusividad masculina: el espacio público.

Estos cambios sociales están incidiendo en el núcleo de la identidad masculina. Los varones hemos de asumir esta crisis de la masculinidad. Crisis que se manifiesta en múltiples ámbitos de la vida cotidiana: en la esfera pública, las transformaciones en el mercado laboral, el paro y la precariedad laboral han desmontado ya el papel de principal proveedor económico de muchos hombres; el impacto mucho mayor del fracaso escolar entre adolescentes masculinos augura a muchos varones un futuro profesional poco halagüeño; en la esfera privada, tras las frecuentes rupturas familiares muchos hombres encontramos serias dificultades para ejercer la función paterna o tendemos a situarnos en una especie de limbo acomodaticio y a desvincularnos de las responsabilidades que conlleva; en la convivencia de pareja tampoco acabamos de saber encontrar un nuevo espacio en el que nos sintamos enteros, y deambulamos desorientados entre las exigencias de viejos y nuevos modelos; en la esfera personal, el recurso a conductas adictivas de riesgo o al comportamiento violento predomina entre los varones en una especie de escalada de destrucción y autodestrucción.

¿Por qué un grupo de hombres?

Actualizar el modelo

Hasta hace pocos años en occidente, y aún hoy día en muchos otros entornos culturales, el modelo que servía de guía para la construcción de la identidad masculina se basaba en una serie de preceptos claros y elementales: un hombre debía ser activo y tomar la iniciativa, debía ser económicamente independiente, proveedor y protector de su familia, debía ser capaz de ocupar un lugar en el espacio público, considerado como el espacio natural para su desarrollo como hombre, debía ser fuerte y trabajador y encarnar la autoridad y el coraje, controlar sus emociones y reprimir sus tendencias femeninas. Sin entrar a considerar hasta qué punto la realidad se adecuaba al modelo, ni los costes del mismo, importa constatar la existencia del modelo y la articulación de un conjunto de creencias, normas e instituciones alrededor de dicho modelo para facilitar y forzar su cumplimiento.

Hoy en día muchos componentes del modelo se hallan en entredicho bien sea por los cambios en la realidad socioeconómica (precariedad laboral, rupturas familiares…), bien por el papel de las mujeres (activas en el espacio público, económicamente independientes…),  bien por la aparición de nuevas creencias y valores producto de todo ello (el hombre metrosexual, vulnerable…)

Desde el punto de vista de la identidad masculina, los grupos de hombres son necesarios para ayudarnos a construir nuevos referentes masculinos. En gran parte los hombres construimos nuestra identidad en contacto con otros hombres, pero cada vez son menos los espacios de socialización masculina, por lo que si no encontramos modelos reales, construiremos nuestra identidad en base a referentes ideales o virtuales, o tenderemos a reproducir los que se han vuelto obsoletos. Por ello planteamos la necesidad de crear espacios de encuentro y de trabajo personal, grupal y social entre hombres en donde se tenga en cuenta esta perspectiva de nueva identidad masculina, espacios en los que contrastarnos y en los que construirnos como hombres desde la consciencia. Estas nuevas identidades no pueden ya basarse en el modelo patriarcal en crisis, pero aún dominante, sino que han de trascenderlo, por lo cual, debemos comenzar por un trabajo exploratorio, que no niegue nuestra herencia, pero que se proyecte hacia formas nuevas de ser hombre.

Recanalizar la energía

La crisis del modelo patriarcal deja a muchos hombres vacíos, resentidos o desorientados. En demasiadas ocasiones esta crisis está provocando en los hombres reacciones defensivas que se manifiestan agresivamente contra las mujeres o contra sí mismos. Otros hombres se dejan llevar por una inerte pasividad, aparentemente adaptada a las nuevas exigencias del hombre gentil y vulnerable, pero que les vacía de la fuerza impulsora necesaria para afrontar los retos que la vida impone. Otros muchos se quedan instalados en el infantilismo y el narcisismo, resistiéndose a crecer y madurar como hombres, negándose a todo compromiso y responsabilidad.

Desde el punto de vista de la crisis del patriarcado, los grupos de hombres son necesarios porque no hay mejor momento que una crisis para aprender y crecer. El diccionario nos define la palabra crisis como un “momento decisivo en un asunto de importancia”, y en su etimología griega, Krisis significa decisióniv. En idioma chino el ideograma que representa el concepto de crisis conlleva la doble idea de “peligro” y “oportunidad”. La crisis vivida con consciencia nos permite penetrar y descender a las capas más profundas y sombrías de nuestro interior, perforar nuestras corazas para dejar aflorar y tocar nuestras emociones, y orientarnos hacia nuevos valores. Es el momento para tomar decisiones de cambio y poner en marcha mecanismos que nos ayuden a salir del narcisismo y a movilizarnos en pos de una masculinidad madura y responsable que nos dé la fuerza para atender los retos y necesidades de este mundo complejo.

Gestión emocional

Como hemos visto, la crisis del modelo patriarcal es uno de los efectos de un proceso de cambio social más amplio que se extiende a todos los ámbitos de la vida de las personas. Estos cambios se manifiestan a menudo en forma de conflictos que afectan a los hombres de manera diferente que a las mujeres. Es usual que los varones sintamos las pérdidas relacionadas con los aspectos que han definido la masculinidad como una afrenta a nuestra virilidad. La masculinidad parece ser una construcción precaria que depende de la existencia de una serie de condiciones. Si estas no se dan, los hombres entramos en conflicto con nuestro propio sentido de masculinidad. Por otra parte hay conflictos que afectan especialmente a los varones o que nos afectan de una manera diferencial. Sólo hay que acudir a las estadísticas sobre fracaso escolar, prevalencia de comportamientos adictivos de riesgo, de violencia ejercida contra las mujeres o contra otros hombres.

Los grupos de hombres pueden ayudarnos a afrontar los conflictos motivados por las inevitables pérdidas laborales, económicas y afectivas a las que el mundo de hoy nos expone y que fácilmente ponen en cuestión nuestra masculinidad y autoestima, llevándonos a actitudes violentas, adictivas o de riesgo, o bien al abandono y a la depresión. Necesitamos comprender y encontrar respuestas maduras a la desorientación de nuestros hijos adolescentes, a los que en muchas ocasiones abandonamos a su suerte y construir para ellos modelos de referencia en los que puedan apoyarse.

Revisar nuestras relacciones

Para algunos autores, el significado de la masculinidad está en función de tres factores: a) la naturaleza de la relación entre hombres y mujeres; b) la naturaleza de la relación entre los  hombres; c) la naturaleza de la relación de los hombres consigo mismos. Las relaciones entre hombres y mujeres se hallan hoy en día en un punto delicado. Muchas mujeres sufren la violencia masculina, otras muchas se refugian o se ven abocadas a la soledad, aduciendo la falta de hombres dispuestos a sostener relaciones maduras y de compromiso. Por nuestra parte, muchos varones nos sentimos confusos entre las exigencias de los viejos y los nuevos modelos, recelamos del nuevo papel adoptado por las mujeres y nos inhibimos de nuestras relaciones paternas o encontramos serias dificultades para ejercerlas. En cuanto a las relaciones entre los hombres nos debatimos entre la homosexualidad (como forma de relación o como tabú), la competitividad y la complicidad superficial. Difícilmente se encuentran espacios de relación masculina donde los hombres nos relacionemos desde el centro de nuestro ser, permitiéndonos manifestar tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades.

Desde la perspectiva de las relaciones, sólo el trabajo profundo en el conocimiento de sí mismos como hombres nos permitirá establecer relaciones más satisfactorias, igualitarias y maduras con mujeres que se hayan trabajado como mujeres. Sólo madurando como hombres podremos ayudar a nuestros hijos varones a crecer como hombres, y ofreceremos a nuestras hijas una imagen masculina positiva que les guíe en sus relaciones con los hombres. Las relaciones de hombre a hombre muy a menudo se articulan alrededor del trabajo y se basan en el poder y la competitividad, impidiéndonos otras formas de relación entre hombres y abordar desde la sinceridad temas como la paternidad, la homosexualidad o la relación con las mujeres que deben encontrar un tratamiento masculino.

Un espacio para nostros

Ahora bien, ¿por qué grupos de hombres? ¿Acaso todo ello no puede abordarse y trabajarse desde grupos mixtos? Por supuesto que sí, pero consideramos que en este momento los hombres tenemos un trabajo específico que hacer que pasa por un encuentro con nosotros mismos desde la perspectiva de la masculinidad y de la consciencia.

Un grupo de trabajo de hombres facilita disolver las barreras de contacto con otros hombres y generar una energía específicamente masculina. A partir de ahí es más fácil reconocernos en nuestras fortalezas y debilidades y abrir el corazón a otros hombres, algo especialmente difícil para nosotros y necesario para reconstruir nuestra masculinidad. Un grupo de hombres con hombres puede ayudarnos a mostrarnos tal como somos y a abrir nuestro corazón a otros hombres, a intimar y a confiar en hombres. Estamos necesitados de amistad y complicidad masculina, y en un grupo sólo de hombres se crea una intimidad y solidaridad masculina difícil de conseguir en grupos mixtos. Permitirnos descubrir y compartir nuestras heridas masculinas con otros hombres nos alivia, nos hace más universales y nos ayuda a curarlas, dándonos la fuerza y el coraje para llevar a cabo una de las tareas más importantes que tenemos como hombres: (re)construirnos a nosotros mismos.

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